Mi primer último día en Estados Unidos. – La peca viajera

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#LunaYLolo presentes en espíritu siempre conmigo.
18 – 03- 15
Mi último dia en los Estados Unidos, fue como cualquier otro, no hubo nada especial o diferente. Mis gatos jugaban como siempre y de vez en cuando curioseaban en las maletas, y me echaban unas miraditas raras. Lo que sí fue especial, fueron los ricos patacones que me hizo mami, ya que esa fue mi única petición ese día; que por cierto quedaron más bueeeeeeeenos.

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Este no es el que me hizo mi mamá, porque lo comí rápido, pero así se ve un patacón.
Mis papas y yo, salimos a las 6 am. al aeropuerto correcto; en Houston hay varios aeropuertos, mosca. Estaba lloviendo, y sentía que EE.UU se había encariñado conmigo, y no al revés. Llegamos bien temprano y la señora de la aerolínea me atendió con una gran sonrisota. Ella no entendía que me iba para no volver, quizás es lo que siempre escucha para que les perdonen peso extra en las maletas, pero yo estaba diciendo la verdad. Cuando me pidió que sacara dos prendas como si nada, casi exploto a llorar porque a pesar de que puedo vivir sin eso, no llevaba mucho en la maleta para mi, por las encomiendas que llevaba a Venezuela. Ella vio mi carita y me dijo que todo estaba bien, gracias a haber llegado tan temprano, entonces cerré la maleta y me calmé.
Al despedirme de mis papas, lo hice pensando en que ya regresaba la próxima semana a verlos. Ahí se quedaron más abrazos pendientes, más comidas caseras y unos pimientos morrones, que el inspector no me dejó pasar; uno de los tantos regalitos para la abuela, que ya no encuentra en Venezuela.

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Esperando.
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Vi esto en el aeropuerto, hecho con tarjetas de presentación.
Al momento de abordar el avión, no sabía qué hacer, por tanta emoción contenida. Primera vez que salía de la cárcel de papel, eso significaba EE.UU para mí; por cuestiones de visa, permisos, peros y más peros.
El capitán, al recibirnos, indicó que estabamos en las mejores manos, ya que su crew la conformaban los propios ángeles de Charlie; él se llamaba Charlie por supuesto y los ángeles de azafatas, nos iban a cuidar durante el viaje. Eso me sacó una sonrisa; gracias capitán Charlie y ángeles.

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El regalito del nene.
Mi asiento era al lado de la ventana, como toda la vida lo he pedido. Al llegar a mi asiento, veo a un niño muy emocionado mirando por la ventana. Era mi asiento y su mamá estaba al otro lado; solo quedaba libre el asiento del medio al lado del niño y de una señora Hindú. Me siento en el nuevo puesto y comienzo a llorar de la emoción. El niño a veces me volteaba a ver y yo las escondía. Era su primera vez en un avión, y le cedí mi puesto, así como papi me cedía tantas cosas de pequeña y de grande.

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La vista de mi asiento, con el mejor libro para llorar de alegría.
Era el momento de la verdad, no era mi última vez viajando, pero sí, la primera vez del niño a mi lado. Me sentí responsable en dejarle saber que se le iban a tapar los oídos al despegar, que tenía que masticar algo para destaparlos y así. Sus ojos eran dos metras brillantes llenas de emoción que se alimentaban con cualquier cosita que veía por la ventana. Pero es que no era cualquier cosita, estabamos volando y admirando la tierra desde arriba, lo entiendo y sigo sintiéndome igual cada vez que tengo la oportunidad de hacerlo.
Observaba las nubes blancas y el cielo azulito y todo le hacía gracia a él; fui testigo de como él descubría una de las más grandes maravillas, el mundo. Me identifiqué con él porque a pesar de que no era mi primera vez, yo sigo actuando como si lo fuese. Se sintió como una experiencia que ni él, ni yo olvidaremos, por las razones ya explicadas anteriormente.
Yo seguía llorando por cada cosita. Sentía muchas cosas adentro y no podía dejar de sonreir. Ya estaba fuera de la burbuja y no había vuelta atrás. Estaba muy feliz por el presente y el futuro, muy feliz por el futuro. Había logrado escapar de la vida que conocía y estaba lista para crear una nueva.
Llegamos a Perú a las 11:30 pm. Al salir del avión me derretí al piso.
Desde el primer momento que toqué suelo peruano, me enamoré.

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Perú, aquí estoy.
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La llegada.

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Abrazos de colores a todos.
¡Muah!

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6 comentarios sobre “Mi primer último día en Estados Unidos. – La peca viajera

  1. No hay día y noche que no piense en ti y cuando veo a tus gatitos se que ellos también. Escribes muy hermoso, me siento feliz ya que ahora tengo dos escritores en mi casa,esperando con que me sale mi Laura a lo mejor tiene esa vena de escritora también……. Todo mi amor y cuídate mucho

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