Todo lo que saldrá mal, saldrá mal. – La peca viajera

Este post lo empecé a hacer justo llegando a Cuenca, Ecuador y lo dejé a medias, obviamente se borró porque apagué la computadora y se me olvidó, así que hoy después de un mes me animo a escribir de nuevo ya que no es justo no darle amor a este blog de pecas.

Con el título me refiero a exactamente lo que quiere decir, todo lo que tiene que salir mal, saldrá mal. No puedes cambiar lo que ya está en movimiento y así me pasó cuando empecé a salir de Perú, era un lunes antes del 28 de julio, fecha grande en Perú, y me dirigía a Máncora después de haber estado en Piura un fin de semana, al comprar el boleto de autobús, me cuentan que no me pueden vender pasaje porque estoy de ilegal, y me quedo asombrada porque no se como saben eso si yo he estudiado el pasaporte tratando de encontrar mi fecha de salida que tenía entendido era el 29 de juNio. Ya se estaba poniendo difícil la cosa porque todo el mundo viaja en estas fechas y en el 2do intento de compra, no habían más pasajes; ya estábamos derrotados a un lado de la calle cuando nos cuadra una señora que justo había comprado su arroz con pollo para meterse al carro e irse comiendo en el camino, nos habla entre dientes y medio escondida porque manejaba una van y supuestamente no puede agarrar gente en la calle. Nos cobraba muy poco y faltaban solo 3 personas para llenar la van, y esas eramos justamente. Me monté asustada y apretada pero era la única manera para salir en la fecha que tenía que hacerlo, según mis investigaciones.

En el camino, comimos, tomamos, dormimos y echamos unas bromitas con el chófer y la señora de copiloto que era la dueña del transporte y el chófer era su hijo. En el camino se escuchó un fuerte sonido y la van se movió de lado a lado, obviamente el caucho había explotado porque nos metimos en un mega hueco. No nos volcamos, menos mal, y logramos estacionar y entre 3 se logró cambiar por la de repuesto. Estaba todo doblado el metal, fue fuerte. Después de ese pequeño atraso por fin llegamos a Máncora y empezamos a buscar hospedaje. Adivinaste, no había nadita, entonces uno del grupo usó sus contactos y logramos encontrar espacio en el útilmo hostal que quedaba frente a la playa. Nos cobraron un poco menos pero igual estaba caro. Dormimos y luego salimos a conocer los alrededores y a comer porque ya teníamos un hambre bestial. Todo después de esto salió ”bien”, estuvimos sin agua en el hostel por un día y medio y bueno, pa’lante.
Otra mala historia ocurrió en la frontera de Ecuador con Perú al día siguiente ya que me fui de Perú el mismo 28 de juLio por estar confiada de que mi último día era el 29 de julio, cuadré mi ruta para salir de Perú alrededor de esa fecha para disfrutar hasta el último minuto en ese país tan bello.
Pues resulta y acontece que al llegar el momento en que la señora revise mi pasaporte y me de mi sello de salida, me dice que yo me tuve que haber ido hace un mes, el 29 de juNio y no de juLio, eso siempre pasa en el idioma Español…me imagino. El punto es que yo aterrada me preocupo porque de verdad pensaba que tenía 90 días y no solo 60, ya que en mi pasaporte nunca pude leer el número 60 que ella juraba se leía clarito…por supuesto.

Después de morir y revivir en 1 minuto, la señora me dice que tendría que pagar $31 ya que estuve 31 días de ilegal, ilegal mi hermanoooo, yo estaba muriendo poco a poco porque yo estuve cuidadosamente arreglando todo para que justamento esto no ocurriera. Lo más cómico, si deseas verlo así, es que yo solo tenía $31 que había escondido en una carterita para no caer en la tentación de usarlos en Máncora, la vida funciona bien raro a veces, pero funciona.
Después de salir derrotada y un poco triste porque la señora no me quiso creer, nos volvimos a subir al bus después de haber estado 4 horas parados esperando por ese sello tan lindo. Quizás por eso la señora ni se inmuto cuando trataba de explicarle así tal cual cuando uno le explicaba al profe que de verdad tu habías hecho la tarea para entregarla a tiempo pero se te quedó en la casa o algo así… en fin.

Al llegar a Cuenca, Ecuador, después de un paisaje visto desde primera fila de un autobús, me dispongo a irme en taxi a mi próxima casa, logro encontrar uno que en todo el camino ya me había casado con algunos conocidos y parientes para que me quedara en Cuenca porque el jura que al conocer al cuencano uno se queda… sigo esperando jaja. Pero bueeeeno, solo me quedaban $4 en monedas y este taxi que se quiso pasar de listo me cobró $2 cuando me tuve que haber cobrado mucho menos pero que va a hacer uno recién llegando a un lugar que no conoce.

Y esa fue mi salida triunfante del rico Perú al que me toca regresar de nuevo porque cuando quise ir a Machu Picchu había paro y cerraron el valle sagrado, entre otras cositas que me han desviado en el camino. Sigo feliz y ya les contaré más. Al escribir esto ya presioné la llaguita y espero ser más constante con la entrega de pecas. Gracias por leerme y #saldetucasayvive

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